Biodanza se organiza por niveles, iniciación, profundización, y radicalización (que se refiere a enraizamiento). Siempre se comienza por iniciación. En el comienzo de un grupo de iniciación el contacto más estrecho puede ser cogerse de las manos.
Los seres humanos somos mamíferos y el contacto corporal y social tiene una gran importancia en nuestro desarrollo y bienestar. Para nosotros está, además, muy relacionado con el mundo de lo emocional, tan desarrollado en el ser humano, y es por ello que resulta un tema complejo, delicado. El contacto desempeña un papel importante en nuestro desarrollo y equilibrio, pero a su vez está sometido a tensiones de todo tipo, regulaciones, prohibiciones, inhibición, desmesuramiento como reacción anti-represiva, etc.
En Biodanza pretendemos colocar esto en su justo sitio. El contacto es fundamental, pero más lo es que esté rodeado de un sostén emocional correcto, porque de no ser así puede provocar un rechazo muy intenso, incluso en personas con una gran necesidad de cercanía afectiva.
Con el tiempo los grupos van desarrollando confianza, y las vivencias van ganando en compromiso, pero esta evolución es completamente orgánica y progresiva. Aquí es posible que aparezcan los abrazos y algunas vivencias con mimos y ternura afectiva, por ejemplo. Pero estamos hablando de personas que llevan ya muchas sesiones practicando e interactuando. En cualquier caso todo el proceso está guiado por el principio de respeto absoluto a la voluntad de cada quien, donde cada cual está permanentemente en un proceso de escucha y feedback, donde se enfatiza la importancia de saber colocar límites (y por supuesto de respetarlos), y que se organiza a partir de la afectividad y de la sacralidad de todo ser humano.
Cuando los grupos llevan tiempo biodanzando surgen vínculos de confianza estrechos que hacen completamente normal que, ante el poderoso influjo de lo emocional en las vivencias, dos personas se abracen, por ejemplo, o que lloren o rían juntas, aunque luego cada cual, fuera del grupo de Biodanza, tenga su propia vida afectiva.