Biodanza es desde luego una técnica de modulación emocional, pero que parte de la corporeidad, por ello el cuerpo tiene un papel fundamental y se trabaja activamente.
La parte vivencial de una sesión de Biodanza tiene dos fases: la primera va, generalmente, de menor a mayor activación y la segunda va descendiendo hasta momentos que pueden ser de relajación muy profunda.
La primera parte de una sesión de Biodanza puede alcanzar un nivel de intensidad física considerable, comparable en algunos momentos al de otras actividades físicas moderadas o intensas. Esto depende mucho del nivel físico de cada cual y del tipo de sesión, pues siempre hay que autorregularse. Cuando se desarrolla la curva metodológica propia del modelo teórico de Biodanza, es frecuente que aparezcan momentos de movimiento vigoroso y una clara activación corporal.
En la segunda parte vamos disminuyendo progresivamente la activación hasta alcanzar en muchas sesiones niveles de relajación muy profundos, favoreciendo sensaciones de descanso, calma y recuperación.
En todas las sesiones vamos también a trabajar la mente, aunque muchas veces ese trabajo consiste precisamente en relajar un poquito ese elemento compulsivo e incansable que no suele callarse ni de noche ni de día, o al menos cuando más necesitamos que se apacigüe.